lunes, 2 de noviembre de 2015

ARTE CONTEMPORÁNEO: ¿DEVENIR AUTÓNOMO DEL CAMPO DEL ARTE O PRODUCTO DE LA GLOBALIZACIÓN? (1)


POR: CARLOS FERNANDO QUINTERO VALENCIA.

Entre el 18 y el 22 de octubre tuve el honor y el privilegio de participar en el XXXIX Coloquio Internacional de Historia del Arte de la UNAM, realizado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Aquí publico, en tres entregas, la ponencia que leí en el marco de este evento. Debo aclarar que el texto final es mucho más extenso y contiene mayor información y desarrollo. Dicho texto seguramente se publicará en las memorias del coloquio, próximamente. Ahí les dejo la inquietud...

MUAC. UNAM
Tomado de http://noticias.arq.com.mx/Detalles/15249.html#.VjewYNIvddg



PRESENTACIÓN.

La presente reflexión sobre los procesos del arte contemporáneo y su relación con la política surge de la participación de Colombia en ARCO Madrid 2015. Por primera vez un país es invitado a la feria de arte española. La participación es apoyada como nunca por el gobierno nacional colombiano. Todas las entidades nacionales, encargadas o cercanas a los temas artísticos y culturales, así como al comercio exterior, las relaciones internacionales y las políticas sociales unieron esfuerzos y voluntades para el apoyo y la participación en el evento. Si bien aplaudí y aplaudo el apoyo y el despliegue realizado por el gobierno nacional, su singularidad y opulencia han sido tales que igual me generó ciertas sospechas y no menos preguntas. ¿Por qué el gobierno de un país como Colombia, que nunca ha destinado mayores recursos a la cultura y a las artes, le apuesta en grande al posicionamiento del arte contemporáneo nacional en una feria de arte europea? ¿Qué tipo de programas artísticos le interesan al gobierno nacional colombiano para que genere tal despliegue? Este inusitado apoyo ¿responderá a intereses públicos y privados ocultos y oscuros? ¿Tendrá relación con políticas externas, internacionales o globales?

Mi sospecha aumentó por una circunstancia fortuita. Una periodista cultural de la ciudad de Cali, Colombia, lugar en donde vivo, me solicitó una lista de los cinco hitos del arte contemporáneo colombiano que “nos llevaron a ARCO Madrid” (si mal no recuerdo, así me preguntó la periodista). Al revisar esta lista, que se amplió y modificó con la participación de otras personas vinculadas con el medio del arte local y nacional, y que fue publicada en el periódico, me quedó una sensación extraña, algo así como entre la revelación y la decepción. Lo que pude percibir es que hay brechas y cambios sustanciales o esenciales entre los primeros intentos de “arte contemporáneo” en las décadas de 1960 y 1970, frente a lo que sucedió en la década de 1990 y el fenómeno actual, o sea, más o menos desde el año 2000, hasta el día de hoy. Ante esta primera observación, que podría considerarse incluso muy obvia, la cuestión es revisar los factores que propiciaron estos cambios y que seguramente son diversos y complejos, internos y externos, propios y ajenos al campo del arte. La pregunta que atraviesa mi inquietud, sobre todo ante el fenómeno de ARCO Madrid 2015 y otras circunstancias del arte colombiano actual y de las dos décadas anteriores, es si los procesos del arte contemporáneo, en los tres momentos mencionados, tienen qué ver con un devenir autónomo del campo del arte o son producto de la globalización económica, política y cultural.

A manera de antecedente quisiera señalar, especialmente, el trabajo de la investigadora británica Frances Stonor Saunder, La CIA y la guerra fría cultural, donde se plantea la imposición de un tipo de arte, la abstracción de la posguerra en Norteamérica, en el medio artístico mundial. Esto se podría extender al ámbito latinoamericano y a los artistas que entre las décadas de 1950 y 1970 “internacionalizaron” el lenguaje artístico de sus respectivos países, frente a las tendencias nacionalistas y regionales de las primeras vanguardias en América latina. Lo que en apariencia sucedió con esta ola en cada país, de maneras y circunstancias diferentes, es que los movimientos artísticos de características nacionales y regionales, cayeron en “desgracia crítica”, valorándose más lo “internacional” y la “vanguardia”, lo que parece concordar con el afán modernizador de los estados. Casi se podría afirmar que para poder ser reconocidos como países en vías de desarrollo o desarrollados, se debía tener un artista o un movimiento artístico de carácter internacional, distanciando o dejando de lado a aquellos artistas que trabajaron a partir de los valores tradicionales del arte local y nacional.

Se incluyen como parte del programa o de la política modernizadora la fundación de museos de arte moderno y la realización de las primeras bienales de arte en el continente, una de las cuales, la de Buenos Aires, fue comentada por Néstor García Canclini en uno de sus trabajos tempranos: La producción simbólica: Teoría y Método en la sociología del arte. La situación con las primeras bienales, patrocinadas en su mayoría por empresas multinacionales de la esfera norteamericana, es que promovieron sólo cierto tipo de prácticas a las cuales muchos artistas se adscribieron, de manera más o menos voluntaria o consciente. Al parecer, y siguiendo el mencionado trabajo de García Canclini, cuando se alcanzaron las metas empresariales, es decir el posicionamiento de las respectivas marcas en los ámbitos local y nacional, el apoyo a los eventos y los artistas desapareció, lo que llevó al cierre de los espacios de promoción y difusión y a la consiguiente “bancarrota” de muchos de los artistas que apostaron por las prácticas patrocinadas. De esto puedo dar fe con la Bienal Iberoamericana de Artes Gráficas de Cali, que promovió las técnicas gráficas en la ciudad, realizándose la última en 1986.


La sospecha y las preguntas iniciales se basan en estos antecedentes, más o menos cercanos al devenir del arte contemporáneo en Colombia y, por qué no, de América latina y el planeta. Lo que se evidencia es que, en las décadas anteriores, hay una clara y fuerte injerencia de la política nacional, regional e internacional en el devenir de las artes. Existe un indudable interés estatal y de la empresa privada (nacional y multinacional) en promover y difundir cierto tipo de arte, en detrimento de otras prácticas artísticas, estas últimas casi siempre asociadas a lo popular, lo local y lo nacional. ¿Será que el “arte contemporáneo” es producto del natural devenir del campo del arte en la región? O, más bien, ¿será producto o producido por los estados en época del neoliberalismo y la globalización? Y, de ser esto así, ¿cómo afecta la dimensión política la investigación sobre lo artístico?

Sigue...