domingo, 15 de noviembre de 2015

SIN NOMBRE…

Por: Carlos Fernando Quintero Valencia

Hace muchos años, allá por el 2000, expuse en el Centro Cultural Colombo Americano de Medellín una serie de obras fotográficas referentes a los hechos violentos acontecidos en Cali, meses antes. Entre estos, los atentados que afectaron a una estación de combustible y a un concesionario de vehículos cerca del Batallón Pichincha de mi ciudad. Parte del proyecto expositivo fue la de realizar un trabajo similar en Medellín, y realicé la acción fotográfica con la escultura de Fernando Botero destruida en un atentado.

Carlos F. Quintero. Proyecto Desde el jardín
Exposición El carácter cognitivo del arte.
Centro Cultural Colombo Americano - Medellín.  2000 - 2001

Justo un día antes de la inauguración, mientras pasábamos el rato con los otros artistas de la exposición, el curador y director de la galería del Colombo Americano, Juan Alberto Gaviria y otras personas del medio artístico local, en el famoso local 5 puertas, estalló el carro bomba del Parque Lleras. Por fortuna y creo que de milagro salimos ilesos, al menos físicamente. No así las múltiples víctimas y damnificados del atentado atroz. Mis acompañantes, de manera ritual y silenciosa, fueron recogiendo voluntariamente restos de los vehículos y me los entregaban, mientras caminábamos entre los despojos y el caos.

Carlos F. Quintero. Proyecto Desde el jardín
Exposición El carácter cognitivo del arte.
Centro Cultural Colombo Americano - Medellín. 2000 - 2001


La coincidencia de los hechos con mis trabajos del momento no podía ser peor. Recuerdo que la noche de la inauguración hubo llantos y sollozos frente a algunos de mis trabajos y los restos del atentado, que ubiqué en la sala, más que por la calidad de mis obras, por la funesta coincidencia.

Algo similar puede estar pasando hoy, y guardando las justas desproporciones, con la exposición Los detalles del video artista y cineasta Avi Mograbi, en el Museo La Tertulia. En medio de la estupefacción, repudio y dolor del mundo (al menos el occidental cristiano) por los recientes atentados en París, la exposición de Mograbi se convierte en un evento que invita a la contemplación de nuestra humanidad, de nuestra vida, en un retrato de una sociedad actual marcada y determinada por los prejuicios morales, éticos y religiosos, por cierto grado (cada vez mayor) de absurdo, por la debilidad de nuestra existencia física, los miedos y los temores infundados y reales a los otros y a nosotros

Si bien las piezas de Mograbi se refieren a su país natal, Israel, sentarse frente a ellas, así sea durante unos pocos minutos, es como sentarse frente a un espejo que nos devuelve a nuestra propia realidad. Son como un retrato de nosotros mismos, que nos invita a vernos en diferentes tiempos, momentos, situaciones, espacios, actitudes y acciones. Al menos a mí, me llevaron a mirar hacia al interior.

Claro que yo me senté en el centro de la sala, en medio de todas las proyecciones que simultáneamente corrían. Confieso que al principio la experiencia fue chocante. La multiplicidad de voces, sonidos, escenas, personajes, parecen atropellarse y apabullan. Luego, después de un momento, todo el caos parece ordenarse y coincidir, como en una especie de sinfonía o concierto. Las historias se entrelazan, los diálogos autónomos se complementan, las situaciones en cruzan, en una armonía que se construye de manera aleatoria y en la mente de cada espectador (imagino). Y recomiendo sentarse al centro, para que la experiencia sea la del enviroment y no la del cine.


Dura coincidencia. Cruel realidad. Los detalles de Avi Mograbi se conectan desde las pequeñas historias con la catástrofe mundial, que más allá de París, y sin olvidarla, afectan muchas regiones del mundo, incluida Colombia… Lo demás... sin nombre...