lunes, 2 de noviembre de 2015

ARTE CONTEMPORÁNEO: ¿DEVENIR AUTÓNOMO DEL CAMPO DEL ARTE O PRODUCTO DE LA GLOBALIZACIÓN? (1)


POR: CARLOS FERNANDO QUINTERO VALENCIA.

Entre el 18 y el 22 de octubre tuve el honor y el privilegio de participar en el XXXIX Coloquio Internacional de Historia del Arte de la UNAM, realizado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo. Aquí publico, en tres entregas, la ponencia que leí en el marco de este evento. Debo aclarar que el texto final es mucho más extenso y contiene mayor información y desarrollo. Dicho texto seguramente se publicará en las memorias del coloquio, próximamente. Ahí les dejo la inquietud...

MUAC. UNAM
Tomado de http://noticias.arq.com.mx/Detalles/15249.html#.VjewYNIvddg



PRESENTACIÓN.

La presente reflexión sobre los procesos del arte contemporáneo y su relación con la política surge de la participación de Colombia en ARCO Madrid 2015. Por primera vez un país es invitado a la feria de arte española. La participación es apoyada como nunca por el gobierno nacional colombiano. Todas las entidades nacionales, encargadas o cercanas a los temas artísticos y culturales, así como al comercio exterior, las relaciones internacionales y las políticas sociales unieron esfuerzos y voluntades para el apoyo y la participación en el evento. Si bien aplaudí y aplaudo el apoyo y el despliegue realizado por el gobierno nacional, su singularidad y opulencia han sido tales que igual me generó ciertas sospechas y no menos preguntas. ¿Por qué el gobierno de un país como Colombia, que nunca ha destinado mayores recursos a la cultura y a las artes, le apuesta en grande al posicionamiento del arte contemporáneo nacional en una feria de arte europea? ¿Qué tipo de programas artísticos le interesan al gobierno nacional colombiano para que genere tal despliegue? Este inusitado apoyo ¿responderá a intereses públicos y privados ocultos y oscuros? ¿Tendrá relación con políticas externas, internacionales o globales?

Mi sospecha aumentó por una circunstancia fortuita. Una periodista cultural de la ciudad de Cali, Colombia, lugar en donde vivo, me solicitó una lista de los cinco hitos del arte contemporáneo colombiano que “nos llevaron a ARCO Madrid” (si mal no recuerdo, así me preguntó la periodista). Al revisar esta lista, que se amplió y modificó con la participación de otras personas vinculadas con el medio del arte local y nacional, y que fue publicada en el periódico, me quedó una sensación extraña, algo así como entre la revelación y la decepción. Lo que pude percibir es que hay brechas y cambios sustanciales o esenciales entre los primeros intentos de “arte contemporáneo” en las décadas de 1960 y 1970, frente a lo que sucedió en la década de 1990 y el fenómeno actual, o sea, más o menos desde el año 2000, hasta el día de hoy. Ante esta primera observación, que podría considerarse incluso muy obvia, la cuestión es revisar los factores que propiciaron estos cambios y que seguramente son diversos y complejos, internos y externos, propios y ajenos al campo del arte. La pregunta que atraviesa mi inquietud, sobre todo ante el fenómeno de ARCO Madrid 2015 y otras circunstancias del arte colombiano actual y de las dos décadas anteriores, es si los procesos del arte contemporáneo, en los tres momentos mencionados, tienen qué ver con un devenir autónomo del campo del arte o son producto de la globalización económica, política y cultural.

A manera de antecedente quisiera señalar, especialmente, el trabajo de la investigadora británica Frances Stonor Saunder, La CIA y la guerra fría cultural, donde se plantea la imposición de un tipo de arte, la abstracción de la posguerra en Norteamérica, en el medio artístico mundial. Esto se podría extender al ámbito latinoamericano y a los artistas que entre las décadas de 1950 y 1970 “internacionalizaron” el lenguaje artístico de sus respectivos países, frente a las tendencias nacionalistas y regionales de las primeras vanguardias en América latina. Lo que en apariencia sucedió con esta ola en cada país, de maneras y circunstancias diferentes, es que los movimientos artísticos de características nacionales y regionales, cayeron en “desgracia crítica”, valorándose más lo “internacional” y la “vanguardia”, lo que parece concordar con el afán modernizador de los estados. Casi se podría afirmar que para poder ser reconocidos como países en vías de desarrollo o desarrollados, se debía tener un artista o un movimiento artístico de carácter internacional, distanciando o dejando de lado a aquellos artistas que trabajaron a partir de los valores tradicionales del arte local y nacional.

Se incluyen como parte del programa o de la política modernizadora la fundación de museos de arte moderno y la realización de las primeras bienales de arte en el continente, una de las cuales, la de Buenos Aires, fue comentada por Néstor García Canclini en uno de sus trabajos tempranos: La producción simbólica: Teoría y Método en la sociología del arte. La situación con las primeras bienales, patrocinadas en su mayoría por empresas multinacionales de la esfera norteamericana, es que promovieron sólo cierto tipo de prácticas a las cuales muchos artistas se adscribieron, de manera más o menos voluntaria o consciente. Al parecer, y siguiendo el mencionado trabajo de García Canclini, cuando se alcanzaron las metas empresariales, es decir el posicionamiento de las respectivas marcas en los ámbitos local y nacional, el apoyo a los eventos y los artistas desapareció, lo que llevó al cierre de los espacios de promoción y difusión y a la consiguiente “bancarrota” de muchos de los artistas que apostaron por las prácticas patrocinadas. De esto puedo dar fe con la Bienal Iberoamericana de Artes Gráficas de Cali, que promovió las técnicas gráficas en la ciudad, realizándose la última en 1986.


La sospecha y las preguntas iniciales se basan en estos antecedentes, más o menos cercanos al devenir del arte contemporáneo en Colombia y, por qué no, de América latina y el planeta. Lo que se evidencia es que, en las décadas anteriores, hay una clara y fuerte injerencia de la política nacional, regional e internacional en el devenir de las artes. Existe un indudable interés estatal y de la empresa privada (nacional y multinacional) en promover y difundir cierto tipo de arte, en detrimento de otras prácticas artísticas, estas últimas casi siempre asociadas a lo popular, lo local y lo nacional. ¿Será que el “arte contemporáneo” es producto del natural devenir del campo del arte en la región? O, más bien, ¿será producto o producido por los estados en época del neoliberalismo y la globalización? Y, de ser esto así, ¿cómo afecta la dimensión política la investigación sobre lo artístico?

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viernes, 7 de agosto de 2015

PRECISIONES

Por: Carlos Fernando Quintero Valencia

En medio de las discusiones del último mes y, sobre todo, en las publicaciones de las últimas semanas, hay dos o tres cositas que me han hecho ruido y que creo pertinente comentar, brevemente.

La primera es sobre las curadurías y las exposiciones en general, frente a los marcos legales. No soy abogado y no conozco al pie de la letra las leyes. Sé que hay expertos y que han dedicado su vida a estos asuntos y seguramente tendrán mucho y mejores cosas qué decir al respecto. Por lo tanto no iré al detalle de las mismas.

Lo que sí me hace ruido es la pretensión de desconocerlas y alentar a violarlas. En Colombia, y como parte del marco legal global, existe una Ley de Derechos de autor, conocida como la Ley 23 de 1982[1]. En el primer artículo dice:

Los autores de obras literarias, científicas y artísticas gozarán de protección para sus obras en la forma prescrita por la presente Ley y, en cuanto fuere compatible con ella, por el derecho común. También protege esta Ley a los interpretes o ejecutantes, a los productores de programas y a los organismos de radiodifusión, en sus derechos conexos a los del autor.

O sea, la autoría de una obra, de cualquier obra, es sujeto de una protección especial y está amparada y regulada por esta ley. Este amparo rige para todos los autores, interpretes y ejecutantes, incluidos no sólo los artistas plásticos y visuales, sino también los curadores (no les vamos a negar aquí el derecho a los curadores… ni más faltaba).

Lo otro, que parecerá tonto y obvio aclarar, pero que ante los dichos y los hechos parece necesario, es que toda exposición o evento artístico implica múltiples y diversas negociaciones. En el caso de las artes plásticas o visuales, se dan las de los artistas con los curadores, galeristas o directores de instituciones, estos seguramente lo harán con las instituciones, el gobierno y/o la empresa privada, también con su equipo de trabajo (productores, montajistas, guías, vigilantes, técnicos, etc). Por lo general y en nuestro medio, las primeras negociaciones se rigen por la confianza, la amistad, la cheveridad y la bacanería. Creo que se desconoce que en otros contextos y entornos, con mayores niveles de exigencia profesional, se firman contratos de exposición, de representación y de venta, según sea el caso, lo que da mayor claridad a los compromisos, derechos y deberes de los contratantes y contratistas.

No es que esto no se haga. Se hace de manera verbal o vía mail. Y claro que no es chévere, ni bacano y hasta harto, tener qué ponerse a firmar documentos para una expo. Incluso, si la exposición es una casa, se da entre verdaderos amigos y las obras y los impactos son de menor cuantía, pues ni hace falta. El problema se da cuando las relaciones no son tan de amigos, los eventos son de mayor envergadura y pretensiones y las cuantías son suficientemente grandes.

Pero, ¿qué pasa si las partes no se entienden o están en desacuerdo? ¿qué pasa si los acuerdos se rompen o no se cumplen? Pues precisamente para eso están las leyes en un estado de derecho, para dirimir los conflictos en los marcos legales y en las instancias judiciales. Eso, al menos, debería ser lo común y normal en una sociedad y una cultura regida por las leyes y las instituciones.

El desconocer las leyes de derechos, bien sea por ignorancia, negligencia o porque que se las quieran pasar por la galleta, no es un “avance”, ni mucho menos una “defensa” del campo del arte. Es exactamente todo lo contrario. Es un retroceso de centurias y milenios. O, ¿qué prefieren, que nos peleemos como en las cavernas, o que nos agarremos a puñal y espada o a plomo? El llegar a una legislación que proteja derechos de autores, e insisto que nos cubre a todos, es el producto de una lucha del gremio artístico mundial por establecer unas reglas de juego claras. Por eso, si se llega, en cualquier caso, a una instancia judicial (y no es que se desee) se hace en defensa de los derechos de los artistas o de los autores en general. Además, esto ha pasado ya muchas veces, en Colombia y en el mundo y en todas las áreas o prácticas de las artes. Casi qué diría que pasa a diario.

Lo otro que me hace ruido es la advertencia, casi que en tono de amenaza, a los artistas por sus posibles reclamos a los organizadores de los eventos. En palabras coloquiales se ha dicho y escrito, más o menos, que los artistas que hagan uso de su libre derecho de reclamo o que “arme problema”, no volverá a ser tenido en cuenta y “dañará su carrera”. Realmente, da hasta risa. Es desconocer, no sé si por ignorancia o por conveniencia (o las dos), la historia del arte de, al menos, el último siglo y medio. ¿Qué sería del Impresionismo sin el Salón de los rechazados? ¿Qué sería de Picasso y Dalí sin los escándalos asociados a sus obras y sus exposiciones? ¿Qué sería de Duchamp y el “arte contemporáneo” sin el escándalo (¿pre-meditado?) de La fuente? ¿Qué sería de Warhol, Beuys, Acconcci,… en fin…? ¡Por favor! Esto como pretender asustar niñitos con el Coco. Incluso, me atrevería a decir que la operación es exactamente al contrario. Es decir, los artistas que hoy tenemos como los top del arte y de la historia del arte, son aquellos que por encima de todas las circunstancias han defendido su trabajo y han establecido posturas críticas frente a las instituciones. Y, mejor aún, luego de estos “escándalos” sus carreras han “despegado” con más fuerza, ya que se visibilizan más (y la crítica, buena o mala, juega un papel importante en esto). En cambio, los sumisos o sometidos, terminan condenados al peor castigo y al peor infierno para los artistas: El olvido.


[1] Ley 23 de 1982. Se puede consultar en http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=3431. Esta ley ha sido modificada por otras leyes y decretos posteriores, pero en esencia, el espíritu de la misma se mantiene.

lunes, 3 de agosto de 2015

STRIPTEASE

Por: Carlos Fernando Quintero Valencia

Luego de la publicación de ¡Deje así! (si mal no estoy, el primer texto crítico sobre el 15 Salón Regional Zona Pacífico) y Entonces ¿qué vamos a hacer? he sido sujeto de conjeturas y afirmaciones casi a diario, en una especie de “matoneo” virtual sistemático, ya que se me menciona en muchos comentarios de redes sociales y textos y que involucran los ámbitos personales, dejando de lado, muy convenientemente, el centro de la discusión y la reflexión, o sea la calidad de las exposiciones del salón y la responsabilidad de los curadores y organizadores del evento. Incluso se ha intentado revivir viejas rencillas para que terminemos distrayéndonos en otros menesteres y olvidemos el inicio de todo esto. Lo positivo del asunto es que mi “raiting” ha subido exponencialmente y me han convertido en una especie de “figura pública” nacional, como una especie de adalid o caballero armado que defiende “causas justas”. No esperaba semejante resultado y no quisiera asumir tal responsabilidad.

Me parece paradójico y contradictorio que los autores de la publicación del libro de Ojotravieso en el marco del 14 Salón Regional y que propiciaron un concurso de crítica a su salón, del cual participé como autor de los textos del libro y como jurado del concurso, hoy se rasgan las vestiduras porque se critica esta nueva versión. Pensé, ilusamente, que se entendía la importancia de la crítica, buena, deficiente o mala, en la construcción del tejido social de las artes, ya que más allá de los resultados artísticos del presente 15 Salón Regional, este va a pasar a la historia como uno de los más comentados y criticados. Será, seguramente, materia de estudio y análisis en el futuro, como parte aguas en el acontecer artístico nacional.

José Horacio Martínez. Sobre las implicaciones de la soberbia. 1997.



Por todo lo anterior, considero que debo aclarar mi posición en todo este asunto. Lo primero es que, desde 1998, llevo una actividad de escribir sobre arte de manera relativamente constante y en contra de un sistema que me parece dudoso y discutible. Iniciamos con Ojotravieso criticando la exposición El traje mágico del emperador (creo que así se llamaba), con un texto titulado El rey desnudo. Durante casi dos años y con el seudónimo de Jonás Ballenero Arponero comenté sobre lo que consideré pertinente y necesario para comentar. Valga la pena anotar que, hasta donde sabemos, Ojotravieso fue la segunda plataforma de crítica en internet del país, después de Columnadearena y la primera del suroccidente colombiano. Es obvio que después de casi 17 años de comentarios y preguntas “impertinentes” mi número de “amiguis” en las instituciones sea bastante reducido, por no decir que nulo.

Cuando en el 2014 se lanzó la convocatoria para suplir el cargo de Curador del Museo La Tertulia en Cali algunos amigos y conocidos me invitaron a participar en la misma. Incluso me informaron que, por su propia iniciativa, en algunas reuniones sociales habían planteado mi nombre a personas cercanas al museo. Para ni siquiera participar en la convocatoria tuve en cuenta muchos aspectos:

a)    Los términos de la convocatoria: asumir una responsabilidad como la de curador del Museo La Tertulia debería ser valorada y remunerada de mayor y mejor manera, ya que este cargo implica no sólo la responsabilidad frente al museo y sus colecciones, como aspectos sociales, políticos, económicos y culturales.
b)    La difícil situación administrativa y financiera del museo. He visto como el museo demora sus pagos al personal que labora en él, por la difícil situación que atraviesa o atravesaba. Esto me lo comentó uno de los excuradores y fue lo que motivó su salida.
c)    Mi situación laboral del momento: La vinculación que aún mantengo con la Universidad del Cauca en Popayán, donde además tengo proyectos académicos e institucionales, que no pensaba ni pienso dejar de lado.
d)     Las relaciones “difíciles”, por mi actividad crítica, con el medio artístico local y nacional. También, me parece importante continuar con esta actividad, que la considero como un “deber civil”. Considero importante que alguien diga algo o hable, por fuera del sistema y las instituciones (esta fue una de las consideraciones de mayor peso para desistir de la convocatoria).
e)    Mi posición de outsider dentro de la traza urbana y cultural de Cali: considero que se deben replantear las relaciones de las artes y sus instituciones en la ciudad. Por eso creamos Frontera sur en 2008.
f)     Mi comodidad: Siendo un simple profesor de arte y un comentarista de la escena artística  mi situación es muy “cómoda” y “tranquila”. Esto se perdería asumiendo como “curador” del museo (esto también pesó mucho en mi decisión final).

Todo lo anterior no sólo no ha cambiado, sino que además de ha afianzado. Por todas estas razones, no me interesa ni quiero participar en los procesos internos del Museo La Tertulia. Mucho menos quisiera ser curador del museo, ni director, ni administrador, ni portero, ni jardinero, ni rondero, ni docente, ni nada parecido. Es falso que tenga una agenda oculta o que participe en conspiraciones para dar un “golpe de estado” museal y mucho menos con personas que ni me hablo y que han sido objeto de mis críticas (por eso no nos hablamos). No pienso, al menos por el momento, abandonar mi “cómoda” y “tranquila” posición como simple profesor universitario, comentarista o crítico, visitante a exposiciones y turista cultural, por ningún cargo ni público, ni privado. ¡Quédense tranquilos!

Por otro lado, nunca he participado en Convocatorias del Ministerio de Cultura y no pienso hacerlo, al menos en un futuro cercano y con las actuales condiciones de participación y convocatoria. Esto porque no me parece coherente o lógico que por un lado esté cuestionando y por el otro esté participando. Cuando he leído y revisado las convocatorias me parecen insuficientes en recursos y tiempos, así que que no responden a mis expectativas profesionales. Lo que sí he hecho es participar como conferencista invitado o tallerista, en dos o tres proyectos apoyados por el ministerio, aunque siempre manteniendo mi posición crítica y haciendo uso de mi libre derecho al trabajo. Aclaro que las personas que me han invitado no eran mis amigos, ni familiares, ni nada parecido. Incluso me ha sorprendido mucho que me hayan invitado (últimamente me invitan mucho a dictar charlas y conferencias… Solicitudes vía inbox…)

Además, me sale mejor financiar de mi bolsillo y con mis horas libres de trabajo los procesos o proyectos que he realizado o realizaré. No me da pena ni se me quiebran las uñas por limpiar una sala o poner una puntilla, menos me espanta escribir un texto u organizar una exposición o un evento. Lo que he hecho, hago y haré lo hago por puro placer y gozo, por el interés de dar a mi comunidad cosas que considero importantes y con el ánimo de aportar. Desde mi experiencia personal y profesional, puedo dar fe que se pueden hacer proyectos expositivos (así sean pequeños y modestos) sin los recursos del estado ni de la empresa privada. Para convencerme de esto y poder plantearlo, fue fundamental haber cursado la Especialización en Gerencia para las Artes, en 1997.

Y ya que estamos en estas, debo anunciarle a los amables lectores que no soy perfecto ni infalible, así hace ya unos muy buenos años me haya creído Dios (ya se me pasó, por fortuna). Como toda persona que “corre riesgos” me he equivocado más de una vez y siempre he dado la cara y asumido mis errores hasta las últimas consecuencias, lo cual considero que no sólo es lo primero que se debe hacer, sino que además lleva a la pronta solución de la falla. Incluso tengo una frase que repito constantemente entre mi círculo de amigos y colegas: “Echando a perder se aprende”. Por fortuna, cuando me he equivocado o he metido las patas, he contado con el apoyo de personas expertas y sabias que me han ayudado a salir adelante, y con equipos experimentados y capaces, prestos a resolver la situación, de manera rápida, eficaz y efectiva. Asumir y asesorarse y acompañarse bien, también hace parte de la experiencia y el conocimiento adquirido por años.

José Horacio Martínez. La sonrisa de mis enemigos. 1996

Espero haber dado suficiente claridad a los cuestionamientos infundados, a las suspicacias, suposiciones y demás versiones que intentan abordar todos estos asuntos desde lo personal. Ahora pasemos a lo que se dice que dije…

Releyendo una y otra vez los artículos ¡Deje así! y Entonces ¿qué vamos a hacer? publicados en mi blog Desde la Kverna, no encuentro la parte en donde hablo mal de la curaduría del 15 Salón Regional. Incluso diría que hablo bien, cuando en el primero digo: “La escogencia de las piezas y autores, los que conozco, me parece acertada. Sus obras o procesos artísticos tienen condiciones tanto técnicas como conceptuales para hacer parte de este evento”. Incluso tuve especial cuidado en esta parte del texto porque no quería afectar negativamente a los artistas seleccionados (conozco y aprecio a casi todos; otros no los conozco), ni a los curadores. Confieso que con uno de ellos trabajamos juntos en un largo proyecto hace ya muchos años (creo que fue su primer trabajo en el medio de las artes) y siempre me ha parecido una excelente persona, sensible, humilde y honesto, con la que se puede dialogar. Así que no tengo ninguna rencilla personal con los curadores. Sólo señalé unas fallas en las exposiciones, las cuales creo que se han intentado corregir en más de una ocasión, desde el inicio de la exposición.

Lo que cuestioné fue “la pésima museografía y el dudoso montaje” y el daño de obras de los artistas. No puedo hablar de la curaduría porque desconozco los textos curatoriales que acompañan las exposiciones, así como los guiones curatoriales y museográficos. Respecto a la museografía, esta no se trata sólo de imprimir y colgar bien el pendón de la exposición o poner en una hojita las fichas técnicas. La labor del museógrafo es mucho más compleja e implica el diseño de la exposición en general en cuanto a su presentación, lo que además comprende las áreas y condiciones de circulación del público, sobre todo el que tiene condiciones diferentes de desplazamiento, pensando en la seguridad de todos los espectadores y las obras[1]. O sea, desde un principio señalé que el problema fundamental era de montaje y museografía, y no hablé de la curaduría.

La cuestión aquí es que una falla de montaje y de museografía, ¿por qué no se resolvió a las pocas horas de haber sido señalada? ¿Por qué se ha dado todo este intercambio de mensajes, textos, ataques y demás, entre miembros del campo artístico, primero local y ahora, parece, nacional? ¿No será que con “un disculpe usted, ya arreglamos el asunto” hubiera bastado y nos hubiéramos evitado esta tormenta? Aquí es donde se ve la inexperiencia. Porque, desde la experiencia, una cosa “menor” como una falla de montaje se resuelve rápidamente y en casa, sin tanto aspaviento, ni tanta alharaca, ni tanto ataque. Mejor dicho, con una comunicación de los curadores-productores, dando la cara desde un principio y actuando diligentemente (o sea, comprando e instalando los treinta mil pesos de cinta de demarcación y arreglando las vitrinas) esto se hubiera resuelto. Los curadores siguen ausentes, incomunicados y como que todo no acaba de resolverse.

Lo otro que señalé es el daño de las obras, pero de esto ya deberán encargarse los artistas y los curadores…

Una de las cosas que más me ha sorprendido en todo esto, después de tantos años de criticar y criticar casi que sobre lo mismo (porque los problemas y los postulados expositivos parecen ser los mismos) es que por primera vez se han levantado voces de gran parte los sectores y grupos, primero de la ciudad y luego, aparentemente, de Colombia. Incluso, creo que primero hubo cuestionamientos a los 15 Regionales desde la Zona oriente y parece que algo similar sucede en la Costa Atlántica (lo digo por un pequeño comentario que algo dice al respecto). El nivel de cuestionamientos, en cuanto a la cantidad, la variedad de autores y los niveles de apasionamientos, parece indicar un descontento generalizado frente a las actuales políticas y convocatorias ministeriales. ¡Como que la olla a presión se estalló! Ante la avalancha de cuestionamientos, que parecen venir desde diferentes regiones y sectores, me atrevería a proponer un gran debate nacional sobre la situación del sector de las artes plásticas y visuales en Colombia, en un terreno neutral y sin la presencia de agentes gubernamentales, mejor dicho, un debate de la academia.

¡Striptease! ¡Esto ha sido como una empelotada de aquellas del débil sistema de las artes del país! Y con todas las “cositas” expuestas, creo que hay mucho más por ver. Mejor dicho, lo que ha sucedido y está sucediendo con el 15 Salón regional Zona Pacífico, ha ido más allá de una exposición mal montada o mal curada. Lo que parece ponerse en evidencia son las fallas en el sistema de las artes plásticas del país, que implican, sobre todo, cómo se asignan, se distribuyen y ejecutan los recursos públicos de las artes plásticas y visuales. Esto debería ser materia de análisis en futuras investigaciones.




[1] Para acercarse al tema se puede ver el libro Cómo administrar un museo: Manual práctico, en especial el capítulo Presentaciones, obras expuestas y exposiciones de la arquitecta y museóloga mexicana Yani Herreman. http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001478/147854s.pdf

viernes, 10 de julio de 2015

Y, ENTONCES, ¿QUÉ VAMOS A HACER?

Por: Carlos Fernando Quintero Valencia

Hace una semana se estaba inaugurando el 15 Salón Regional-Zona Pacífico y casi de inmediato empezaron las críticas y cuestionamientos al evento y, sobre todo, a sus “curadores”. Empezaron los artistas, sotto voce, como casi siempre. El malestar, como preludiado por el Salón anterior, fue en crescendo hasta alcanzar proporciones inimaginables: la queja generalizada de gran parte del medio artístico local y nacional, que, por primera vez y al unísono, se han manifestado en contra del evento. El gran logro de este Salón ha sido ponernos de acuerdo, incluso con aquellos que hemos mantenido muchos desacuerdos, y además, ha logrado que se manifiesten, los que poco o nunca han hablado.

Gabinete de curiosidades Musei Woemani. 
Tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Cuartos_de_maravillas#/media/File:Musei_Wormiani_Historia.jpg

En esta agitada y tensa semana han pasado muchas cosas. Textos han ido y venido reclamando explicaciones, responsabilidades y cabezas. Caricaturas y memes han rotado entre correos y muros poniendo un poco de humor a la terrible situación. Incluso, algunas voces se han levantado tratando de defender lo indefendible. Lo más grave es que se ha intentado suplantar al menos a una persona, en comentarios, como si alguien estuviera tratando de confundir y apaciguar los ánimos (me refiero a la “suplantación” de Sandra Navia en los comentarios de Esferapública).

Lo que no ha habido, al menos hasta el momento, es un pronunciamiento serio y claro ni de los “curadores”, ni mucho menos de las entidades privadas y gubernamentales implicadas en este lío. De parte de los “curadores” lo único que parece haber sucedido es la censura de al menos un comentario en la página del evento. De explicaciones, aclaraciones, enmiendas, argumentos, que yo sepa, no ha sucedido nada.

Las instituciones, Museo La Tertulia y Ministerio de Cultura, tampoco se ha sabido nada, al menos en esta Kverna. Claro, es la “posición” tradicional y oficial. Nunca responden a los debates y a los cuestionamientos y dejan que la “marea” baje. Creo que es necesario aclarar que este proyecto se hace con dineros públicos, provistos por el Ministerio de Cultura, así que debería ser una obligación que tanto los “curadores” como las instituciones, respondan de manera pública a lo que los ciudadanos hemos solicitado. Mejor dicho y para ser un poco más claro, aquí no se trata de la platica del bolsillo de nadie, sino de los dineros que los contribuyentes y ciudadanos hemos dado al estado y que, parece que no ha sido bien utilizado. Por esta sencilla y simple razón, todos los implicados deberían responder a los cuestionamientos y debates. No es sólo una postura ética y moral, además de profesional; es una obligación que adquieren todos, al contratar con dineros públicos.

Gabinete de Curiosidades. Johann Georg Hainz. ca. 1666
Tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Cuartos_de_maravillas#/media/File:Johann_Georg_Hainz_-_Cabinet_of_Curiosities_-_WGA11425.jpg

Por otro lado, hay muchas cosas qué revisar al interior y al exterior de este 15 Salón Regional – Zona pacífico (de pacífico no ha tenido sino el nombre). Al interior, lo que se evidencia es el daño físico y moral de al menos algunas de las obras, que han sido alteradas por los curadores, tanto en sus condiciones físicas (reitero) como al montarlas por fuera de los requerimientos de los artistas. ¿Será que un “curador” puede hacer lo que quiera con las obras de los artistas? Una de las funciones importantes de un curador es preservar el valor de los artistas y las obras. Esto lo hace no sólo en términos de la conservación física de las cosas-obras, sino aportando positivamente al valor cultural, social y simbólico de las obras y los artistas. Así, en una buena exposición, la obra y el artista “ganan” o “incrementan” estos valores, que redundan en otros: el político y el económico. Por el contrario, en una “mala exposición”, se afecta negativamente a las y los artistas en todos los valores mencionados. A veces este tipo de daños son irreparables.

Al exterior del Salón, pero implicándolo, está la dudosa política de los salones, que en Colombia se ha impuesto con argumentos nebulosos desde hace alrededor de 15 años. El primer argumento dudoso es lo “inadecuado” y “caduco” del modelo del Salón, es decir, de la exposición por convocatoria abierta y concurso, en la cual podían participar todos los artistas, sin distingo de clase, raza y condición social y cultural. Esto parece ser el mayor inconveniente para el stablishment (léase Ministerio de Cultura), ya que en los salones se “colaban” obras y artistas que no favorecían los intereses de algunas personas, incluido el gobierno central. Claro, el arte cuestiona y molesta, a veces de manera sutil y otras de manera directa. Así que, desde mi particular perspectiva, lo que asegura la figura del “curador” (decidido dedocráticamente desde los bureaux de la capital) es el control de lo que se exhibe y se produce, estableciendo casi que un solo y único modelo de arte, que es el que el Ministerio y el gobierno central (Big Cousin and Big Brother) quieren ver o sirve mejor a sus intereses.

Por otro lado, lo que asegura este modelo “curatorial” es que haya menos visibilidad y menos impacto social, cultural, simbólico y político de las artes. Lo que se ha logrado (si es que a esto le podemos llamar logro) es la atomización del medio artístico nacional, fragmentándolo en pequeñas células y facciones. Así, en lugar de eventos que reúnan y comuniquen a los actores del arte, como lo hacía el antiguo Salón nacional, lo que se da es una cantidad de eventos cada vez más pequeños e insignificantes (porque no significan), que poco importan e inciden en la sociedad.

Aclaro que no tengo nada en contra de las exposiciones por proyectos curatoriales, siempre y cuando cumplan con dos condiciones: La primera es que las realicen profesionales del arte, con experiencia y conocimiento, o sea, verdaderos curadores. La segunda, que se trate de manera coherente, digna, acertada e inteligente a los artistas y las obras. Por lo general, esto último lo hacen los verdaderos curadores.


Finalmente, el modelo de proyectos curatoriales nunca pudo y no podrá reemplazar lo que fue el Salón Nacional de Artistas, como evento que permitía visibilizar y afianzar procesos artísticos del país, frente a los grandes públicos del arte nacional e internacional, permitiendo, sobre todo, la participación de esos “colados”, que hoy están ausentes y están cada vez más marginados. Y, entonces, ¿qué vamos a hacer? 

sábado, 4 de julio de 2015

¡DEJE ASÍ!

Por: Carlos Fernando Quintero

Desde hace unos buenos meses decidí no asistir a las exposiciones que organizan en mi pueblo, ni los aledaños, ni los del país. Los eventos son tan de dudosa calidad, por no decir más o menos, que prefiero evitarme la pena y el mal genio de tan siquiera asistir. La situación me ha llevado a buscar tiquetes aéreos y ver exposiciones en otros rumbos, en territorios conocidos y con más posibilidades de rigor, criterio y hasta sentido común expositivo. Así que pronto, y por estos motivos, saldré(mos) del país… el problema es que regresaré(mos)…

Sin embargo, las ganas de saludar a las amigas de años y el morbo, puede más que los buenos propósitos. Por estos motivos, terminé viendo el 15 Salón Regional en la sede de La Tertulia, nuestro querido museo local. La verdad, no tenía muchas esperanzas. Y mi desconfianza se ratificó desde la primera sala, la subterránea de la institución. En primer lugar, la información básica de la exposición, los artistas y las obras brilla por su ausencia. En esta sala sólo hay un pendón. Al interior, la oscuridad, rezago de la despropositada exposición anterior (como que había qué sacarle más “jugo” a las cortinas negras), apenas deja ver los objetos luminosos y dificulta la movilidad de los espectadores. Escapa uno de matarse, tropezando o cayendo por las escaleras. No hay señalización visual, ni guía, ni ninguna advertencia. Menos hay fichas técnicas, ni información sobre las obras o los artistas Esta es una moda que ha calado bastante en Cali. Los organizadores de exposiciones han decidido prescindir de los títulos, técnicas, materiales y fechas de las obras, como si estas simples informaciones no fueran parte fundamental de las mismas. Así que, quien quiera aún visitar la sala, tendrá qué hacerlo por su propia cuenta y riesgo, tanto por su integridad física al moverse por la oscura sala, sin guía, así como por la falta de información sobre las obras y los artistas.

Vista general Sala Subterráneo Museo La Tertulia. 
15 Salones regionales, Cali.

En el primer piso del edificio de la colección del museo se encuentra alojada la siguiente muestra del mismo evento. Si bien aquí mejoran las condiciones de luz para los espectadores, no es lo mismo para las obras. Debo decir que conozco a algunos de los autores y sus procesos creativos, porque han sido mis estudiantes en talleres y cursos en la Universidad del Cauca en Popayán. La escogencia de las piezas y autores, los que conozco, me parece acertada. Sus obras o procesos artísticos tienen condiciones tanto técnicas como conceptuales para hacer parte de este evento. Sin embargo, cuando visité la sala me encontré con piezas que me parecieron extrañas, distantes, desangeladas. En al menos un caso hay un deterioro significativo e injustificado de la obra. La obra de Leonardo Amador, hasta donde entiendo y recuerdo, un sutil tapiz de ceniza, material que es utilizado en la construcción de las viviendas de las comunidades indígenas del norte del Cauca, se debería conservar intacta, lo que no sucedió, ya que fue pisoteado por los asistentes a la inauguración. Claro, hasta la tarde de hoy, un día después, no había señalización adecuada que permitiera la preservación de la obra y con las pisadas ya existentes, los nuevos visitantes se tientan a "interactuar" con la pieza. 

Dos obras en el 15 Salón Regional, Cali.

El gran problema es la pésima museografía y el dudoso montaje. Al parecer, y siguiendo los “lineamientos” museales de la institución, a los “curadores” se les ocurrió “jugar” con las obras en el espacio… Pues, ¡perdieron! Perdieron sobre todo los artistas y sus obras, porque en esa aglomeración arbitraria, simulacro mal formado de montaje y de intelectualidad, nada se ve, ni siquiera se aprecia. Toda la sutileza y potencia de las obras se pierde en este desproporcionado marisma. Eso lo puedo evidenciar con los cuatro o cinco que más conozco, pero parece que es igual para todos los demás. Ya dos de los participantes han manifestado su inconformidad y su malestar ante este kvernícola kvernoso kvernario. Seguro llegarán más quejas…

Obra de Leonardo Amador en el 15 Salón Regional.
La obra se encuentra deteriorada por la acción de los espectadores, montada en un espacio estrecho e inadecuado y sin ningún tipo de señalización.


Este cenagoso 15 salón regional tiene otras sedes, a las cuáles no iré ni porque me paguen. No sé qué vaya a pasar con este evento. Creo que poco me importa ya. Total, en este medio como que nada importa, sólo cumplir con la cuota ministerial, con la apariencia de “progreso”… Mejor, ¡deje así!.

viernes, 19 de junio de 2015

PROPUESTA PARA UNA POLÍTICA PARA LA CULTURA Y LAS ARTES

Por: Carlos Fernando Quintero Valencia

Hace unos días llegaron a esta Kverna voces en favor o en contra de candidatos, acompañadas de “propuestas” políticas para las artes y la cultura en Cali, Popayán, el Valle del Cauca y Cauca. Lo curioso, o ya no tanto, es que todas las propuestas confluyen en casi los mismos tres renglones y parafraseo: “En mi gestión (con tono grandilocuente) velaré o propiciaré por el mejoramiento del sector de la cultura y las artes. Apoyaré las entidades culturales y artísticas y protegeré a los actores culturales (esto último lo dicen sólo pocos)”. Obvio que la fórmula no es más que una fácil retórica, casi que aprendida como reinas de belleza. Lo que se evidencia, en primer lugar, es un desconocimiento sobre las necesidades y oportunidades del sector de la cultura y las artes y, en segundo lugar, la falta compromiso real y de interés.

Ante lo primero, desde este kvernoso lugar, se percibe en términos generales sobre las necesidades, lo siguiente:

1) Los diferentes actores culturales, como constructores de comunidad, que muchas veces lo hacen sin o con muy pocos recursos económicos, se ven obligados a pagar onerosos impuestos y obligaciones parafiscales (salud, pensión, cesantías y riesgos laborales). Pienso, sobre todo, en los gestores culturales comunales o comunitarios o en los jóvenes de la cultura que llevan ya una larga trayectoria o que comienzan en las artes.

2) No hay suficientes espacios para la promoción, difusión y, sobre todo y en especial, comercialización adecuada de productos artísticos y culturales. En Colombia se ha implantado una “cultura mendicante” basada en un sistema de subvenciones, estímulos o becas otorgados por el gobierno nacional, departamental y municipal. Esta situación siempre me ha parecido perniciosa, ya que se basa en la filosofía de “dar el pescado”, casi como una versión suave del también famoso “pan y circo”. Pareciera que a partir de esta política se quisiera privilegiar ciertas prácticas artísticas en detrimento de otras y controlar el “gusto nacional”, o sea el acceso del público a las manifestaciones artísticas y las relaciones entre el mismo público y los artistas, incluidas las relaciones comerciales. ¿Por qué no mejor enseñar a pescar? ¿No es más digno y más rentable que los artistas y actores culturales vivan de la venta de su trabajo, en lugar que se disputen las pocas becas o estímulos que ofrece el gobierno?

3) De lo anterior se deriva un problema que poco se toca o se habla, al menos de manera propositiva: La educación. La oferta educativa en Colombia es muy limitada. Casi que sólo se ofrecen programas para formación de artistas, así se disfracen de “licenciaturas”. Pero un sector de las artes no se conforma sólo de artistas. Incluso, y es otra grave percepción desde esta kverna, los artistas, en su mayoría, no han podido ni pueden subsistir y existir sin que actúen otros profesionales de las artes, desde los teóricos (historiadores, curadores y críticos, por ejemplo), como administrativos (desde montajista y personal de apoyo hasta gestores y gerentes de las artes).

Y para lo segundo, que proponen la mayoría de políticos, o sea el apoyo a las entidades culturales y artísticas y a los artistas, pues esa es la función que deberían cumplir, si quedan en sus cargos. Entonces, ¿cuál es la promesa? ¿Que van a hacer lo que tienen qué hacer? Como diría la señora de marras (concubina del señor de marras): “¡Bonito así!”

De todo lo anterior, se me ocurren y les propongo los siguientes puntos de discusión y de compromiso de los políticos en campaña:

1) Exención de impuestos municipales, departamentales y nacionales a las entidades y empresas culturales, constituidas o por constituirse, que generen al menos dos empleos directos a personas de la cultura y las artes y que incluyan en sus programaciones al menos a un 50% de artistas oriundos o residentes (que residan en los últimos 5 años) de la ciudad y el departamento.

2) Inclusión en el Sisben a los gestores culturales y artistas que lo soliciten y que demuestren actividad cultural y artística en el municipio o en el departamento en los últimos 2 años. Exención en el cobro de Retención en la fuente para profesionales de las artes y la cultura.

3) Propiciar, promover y patrocinar la creación y promoción de espacios comerciales para la cultura y las artes, tipo ferias de arte, salones de artistas y festivales culturales y artísticos, de carácter incluyente y diverso.

4) Apoyar y gestar, junto con las instituciones educativas, nuevos programas de formación en artes y cultura, diferentes a la formación artística. Entre ellos debería formarse, a nivel superior, curadores o comisarios, gestores y gerentes culturales, administradores con énfasis en arte y cultura, historiadores del arte y críticos de arte. También, a nivel Técnico o Tecnológico, personal administrativo para las artes y la cultura (guías, montajistas, asistentes administrativos, etc).

Hasta aquí estos puntos que se me han ocurrido en estos últimos días. La idea sería comprometer a los candidatos a los diferentes cargos en los mismos o en los que la comunidad artística de la localidad o el país. Claro que veo complicado que nuestros políticos asuman alguna responsabilidad o compromiso con los mismos. De todos modos, que al menos nutran sus propuestas con alguna nueva palabra y no sigan repitiendo la misma perorata.

domingo, 1 de marzo de 2015

CITAS SUELTAS… QUE SIRVEN PARA MUCHAS COSAS O PARA NADA…

Por: Carlos Fernando Quintero Valencia

Pensando en los últimos sucesos del arte nacional, algunas citas que pueda que sirvan para reflexionar o para nada…

“Uno veía este triunfo desde lejos, los artistas marchando calle abajo por la Cincuenta y siete, con sus legiones victoriosas y los galos subyugados, con el oro y la púrpura, y los gritos de apoteosis. […] la experiencia colonial ha calado muy hondo en nosotros, y producido un reflejo conocido como el encogimiento cultural”, Roberth Hughes. A toda crítica. Barcelona: Editorial Anagrama, 1992. Página12.

“Y habrá francachela, habrá comilona”. Rafael Pombo. Rin rin renacuajo.

“Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros”. Jorge Luis Borges. El Aleph. Madrid: Alianza Editorial, 1998.

“¡Una vez más, triunfaron la incomprensión y la envidia!”. Jorge Luis Borges. El Aleph. Madrid: Alianza Editorial, 1998.

“…por temor a parecer poco sofisticados, insistimos en pensar: ¿Está a la altura de las normas internacionales? Y no obtenemos respuesta, porque no hemos articulado estas <<normas>> por nosotros mismos”. Roberth Hughes. A toda crítica. Barcelona: Editorial Anagrama, 1992. Página 13.

“Llegaban los ejemplares de ARTnews, y nosotros los diseccionábamos, y cortábamos las reproducciones en blanco y negro para clavarlas en las paredes del estudio”. Roberth Hughes. A toda crítica. Barcelona: Editorial Anagrama, 1992. Página 13.

“La inflación del mercado, la victoria de la promoción sobre el conocimiento, la invención de un encanto relacionado con el arte, la pobreza de la preparación artística, la postura cerrada de los museos, todo esto no desaparecerá por arte de magia…”. Roberth Hughes. A toda crítica. Barcelona: Editorial Anagrama, 1992. Página 15.


Por ahora, dejemos así. Si se les ocurre alguna otra, ¡bienvenida será!